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Martes, 19 Mayo 2020 08:52

El coronavirus frena la contaminación

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La reducción de la movilidad y el tráfico en las ciudades ha reducido drásticamente los niveles de contaminación del aire.

En los días de confinamiento por la pandemia de la COVID-19 hemos podido observar la estrecha relación existente entre los modos que utilizamos más frecuentemente para desplazarnos (automóvil, fundamentalmente) y la calidad ambiental de nuestras ciudades. Las restricciones de movilidad adoptadas para mitigar la expansión de la pandemia han reducido considerablemente la presencia de elementos contaminantes asociados al transporte (gases y partículas en suspensión), cuyo origen mayoritario se debe al uso de vehículos que utilizan motores convencionales de combustión.

Aunque esto es algo conocido, una situación como la actual, sin precedentes históricos en la vida moderna, ha permitido obtener datos reales sobre esta relación, no basados en modelos teóricos como hasta ahora. Así, según datos de la Agencia Europea del Medio Ambiente (European Environment Agency. “Monitoring Covid-19 impacts on air pollution”), durante la semana del 30 de marzo al 6 de abril en la ciudad de Madrid la concentración en el ambiente de dióxido de nitrógeno (NO2), contaminante emitido principalmente por vehículos diésel y de gasolina, se redujo en un 67% respecto a la misma semana del año anterior.

Similares comportamientos se han visto en otras ciudades de España, Europa y el resto del mundo. Éste es un dato especialmente relevante, ya que la contaminación del aire en las ciudades aumenta el riesgo de padecer enfermedades respiratorias agudas, como la neumonía, y crónicas, como el cáncer del pulmón y las enfermedades cardiovasculares.

Esta situación debe servirnos de aprendizaje para valorar la verdadera magnitud del problema, demostrándonos que es necesario el desarrollo de un sistema de transporte inteligente a la vez que sostenible, y que contribuya a mejorar nuestro actual grado de desarrollo y bienestar. Para ello, desde hace tiempo se están planteando diferentes alternativas desde múltiples sectores, algunas de las cuales ya se han puesto en marcha. Por ejemplo, cabe destacar la utilización de combustibles limpios que reducen las emisiones contaminantes, como los biocarburantes, cuyo uso es ya una realidad.

Un paso más allá es la incorporación de nuevas formas de propulsión más limpias, que incorporan el gas, la electricidad o incluso el hidrógeno como fuente de energía. Este tipo de vehículos, principalmente los híbridos y eléctricos, se han convertido hoy día en una clara alternativa para contribuir a la disminución de las emisiones asociadas al transporte, especialmente en ámbitos urbanos.

De hecho, el vehículo eléctrico se revela como un elemento indispensable para la consecución de un futuro de emisiones cero, tal y como indican los numerosos informes de agencias internacionales que analizan los diferentes escenarios posibles (International Energy Agency, “Global EV Outlook 2019”).

Es de esperar, por tanto, que la flota de coches eléctricos crezca en consonancia, para lograr el objetivo de un futuro descarbonizado. Las estimaciones más optimistas vaticinan que para el año 2040 el 50% de los vehículos sean eléctricos, lo que supondría un parque de 950 millones de vehículos eléctricos en todo el mundo.

A pesar de todo lo anterior, el cambio de la tecnología propulsora de los vehículos no es suficiente para dar respuesta de manera sostenible a las crecientes necesidades de movilidad de las sociedades modernas. Además, serán necesarios nuevos modos de transporte, facilitados por las nuevas tecnologías, como el internet de las cosas (IoT por sus siglas en inglés). Por ejemplo, la utilización de la tecnología de la geolocalización y la conectividad pueden facilitar un uso eficiente del transporte, con una planificación de la movilidad, de manera que permita seleccionar la mejor ruta posible en cada momento, y de forma óptima.

Por otro lado, junto con el vehículo eléctrico, una de las mayores revoluciones tecnológicas que probablemente se producirá en los próximos años en el ámbito del transporte será el despliegue de nuevos vehículos completamente autónomos e inteligentes. El uso de la tecnología autónoma aplicada a vehículos permitirá que un coche realice determinadas tareas por sí mismo de forma eficiente. El vehículo podría imitar las capacidades de un humano, pero desarrollándolas con un grado de optimización mayor, permitiendo optimizar los modos de transporte actuales.

Aunque la automatización total del transporte está todavía lejos de ser una realidad, en la actualidad los nuevos vehículos ya comienzan a utilizar ciertos niveles de automatización que asisten a las tareas de conducción, tales como la asistencia en el frenado, la aceleración o la dirección del vehículo y que permiten que nuestros medios de transporte sean más seguros y eficientes.

Conseguir una movilidad sostenible en las ciudades es un objetivo para el que todavía queda un largo camino por recorrer, pero desde luego es una meta realizable. Por supuesto, no hay una estrategia única a seguir, y habrá que combinar diferentes medidas y opciones que permitan, entre todas, lograr el objetivo final.

El MOOC de URJCx “Transporte inteligente para un futuro sostenible” pretende identificar y evaluar de manera clara y sencilla los principales impactos ambientales provocados por nuestro actual sistema de transporte, describiendo las tecnologías de movilidad presentes en estos momentos y su tendencia para el futuro, abordando la optimización del uso del transporte desde diferentes alternativas para abordar el desafío que se nos plantea a nivel de sociedad de lograr una movilidad sostenible.

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